rostro antes de que yo respondiera.
La voz del detective Ruiz se oyó a través de la lluvia.
“O me explicas por qué el garaje está cerrado con llave.”
La mano de Mark cayó.
Por primera vez, su arrogancia se resquebrajó.
Y sonreí.
Solo un poquito.
Parte 3
La puerta del garaje se abrió con un chirrido metálico.
Emily yacía en el suelo junto a una silla volcada, con las muñecas magulladas, la boca amordazada con cinta adhesiva y el pelo pegado a las mejillas. Estaba viva.
Vivo.
Corrí hacia ella, pero Ruiz me agarró del hombro.
“Dejen que vengan los paramédicos.”
—No. —Los ojos de Emily se encontraron con los míos—. Mamá.
Esa sola palabra destruyó por completo la tranquilidad que me caracterizaba.
Me arrodillé a su lado mientras un agente cortaba la cinta. Su primera respiración sonó como cristales rompiéndose.
Mark gritó desde la entrada: “¡Está inestable! ¡Ella
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