—Quien tiene más, no debe usarlo para presumir, sino para compartir.
Isabella estudiaba en la escuela primaria privada Santa Catalina, donde las rejas de hierro siempre brillaban, el patio estaba impecablemente limpio y los niños llegaban en autos con chofer.
Ma ogni anno, mentre gli alunni si sentivano bajo los árboles comer sandwiches, fruta y jugo, Isabella vedeva un niño al altro lado de la reja.
Era delgado, llevaba una camisa vieja y desteñida, tenía el cabello quemado por el sol y unos ojos que miraban hacia el patio con un hambre profunda.
El primer día, Isabella solo lo osservò.
El segundo día, dejó media torta dentro de su lonchera.
El tercer día, se acercó a escondidas a la reja, pasó el pan entre los barrotes y susurró:
-Venire. Que no te vea el guardia.
El niño la miró per mucho tiempo, como se no pudiera creer que en este mundo alguien pudiera darle comida sin pedirle nada a cambio.
—¿Come te lama? —preguntó Isabella.
—Mateo —respondió él en voz baja—. Matteo Croce.
Da quel giorno, Isabella condivise il suo alloggio con Mateo tutti i giorni.
A volte era media torta de jamón.
A volte, una concha dulce.
A volte, una cajita de leche.
A volte, unos trozos de fruta que su madre le preparaba.
Mateo non aveva padres al suo fianco. Dormivo vicino al mercato San Juan de Dios e, di tanto in tanto, aiutavo a caricare la merce in cambio di una quantità di denaro. Alcuni giorni lo corrian. Altri lo hanno colpito perché sospettavo di aver rubato qualcosa. Ma al mediodía, siempre volvía a pararse frente alla reja de la escuela Santa Catalina.
No solo por hambre.
Sino perché allí avevo qualcuno che ancora si accordava con lui.
Isabella non sapeva cosa avesse fatto la misura dei problemi.
Un giorno, il guardiano la scoprì.
Un padre de familia la vio.
El rumor se extendió por toda la escuela: la señorita Montes estaba “haciéndose amiga de un niño de la calle”.
I suoi compagni se la burlaron de ella.
La maestra chiamò sua madre.
Su padre si infuriò perché pensava che sua figlia stesse avendo gonzando alla famiglia.
—Tú no entiendes, Isabella —dijo su padre con frialdad—. Los niños como se aprovechan de la bondad de los demás.
Ma Isabella ha risposto solo alla testa:
⏬ Continua nella pagina successiva ⏬
Per continuare a leggere, clicca su ( SUCCESSIVA 》) qui sotto!