Lucía desgarró la noche, encontrando por fin el valor que le habían robado durante un lustro. “¡El mismo día que te fuiste al aeropuerto, ella me quitó el celular y mis identificaciones! Cambió las cerraduras de la casa grande. Nos corrió al patio. Dijo que esta casa se construía con sangre de su familia y que una muerta de hambre como yo no iba a pisar su mármol. Me obligó a lavarles la ropa a mano, a limpiar los baños de sus fiestas, a comer las sobras… ¡y amenazó con llamar al DIF para quitarme a Leo si intentaba comunicarme contigo o pedir ayuda a los vecinos!”
Mateo sintió que el mundo le daba vueltas. Observó a su hermana Valeria. Llevaba puestos unos zapatos de diseñador y, al mirar detenidamente, Mateo reconoció el collar que adornaba su cuello: era el mismo collar de oro que él le había regalado a
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